EL GATUPERIO

ELIGE IDIOMA

MENU

DUELO

La frecuencia del duelo En 2012 me fui de la radio a la que había llegado unos meses antes de que muriera mi abuelo materno. Ese mismo año murió mi abuela materna, la única que tuve. Mi compañero de aventuras se casó y se fue a vivir fuera. No habíamos discutido, pero pasamos años sin vernos ni hablarnos. Aquello me sumió en un vacío enorme. El 18 de mayo, el día después de mi cumpleaños, me hackearon los blogs donde escribía a modo de diario. Harto de todo, desmonté el micrófono y me dediqué a buscar formación a distancia. Desde 2013 hasta 2025 vagué por la Red en busca de una oportunidad, sin éxito. En 2016 mi amigo me preguntó si quería ayudarle con su radio en línea. Por lealtad, acepté. Le regalé todo menos el micrófono. En 2017 volví a escribir desde cero: empecé nuevos blogs, aunque conservé los nombres que me gustaban. Seguí ayudándole hasta 2020. Para entonces empecé a sentir que mi presencia le molestaba. Monté mi propia radio. Fueron seis años de esfuerzos, luchas y obstáculos. En noviembre de 2025 apareció mi nuevo mentor. Dos años antes había encontrado por internet un vídeo suyo. Era un tipo bastante agresivo que explicaba técnicas de doblaje, interpretación y locución, además de carisma, liderazgo y otras cosas relacionadas con la comunicación. Durante dos años le seguí la pista, investigando quién era y qué hacía. Después de pensarlo mucho, hice números, ahorré y me apunté. En una entrevista personal bastante dura me dijo: —Vas a tener que desaprender todo lo que aprendiste y empezar de cero conmigo. Yo no admito fallos; me gusta todo perfecto, todo pro. Así que ve desaprendiendo. Ve vaciando la mochila para volverla a llenar. Te costará, pero lo vas a conseguir. Confío en ti. Un mes después, en diciembre de 2025, cerré mi radio. El proveedor me dijo: —Tu radio no es rentable. Hay que cerrar. Y así la perdí. Estoy de duelo. Ahora no estoy en ninguna radio y la echo de menos. Sé que no volveré. Cada vez que cambiaba de emisora, seguía los pasos de mi amigo. Le ayudé, pero ni siquiera me dio las gracias. Aquello supuso para mí el final de una etapa. Escribir me resulta menos incómodo gracias a mi mentor, que promociona mi voz con los textos que más me gustan. Ahora escribo y practico doblaje e interpretación. Tengo dos sesiones al mes, muy duras y estrictas. Es difícil, mucho, pero me gusta. Por fin empiezo a ver la luz. La última sesión de este mes será el jueves 22 de octubre de 2026. Nada salió como esperaba. Aspiraba a vivir de la radio, pero hoy solo queda de mí un aprendiz de doblaje, con menos salud y más triste.