viernes, julio 17, 2026

JAZZ

 Título: Jazz: historias, rostros y las ideas que cambiaron la música


Introducción

El jazz no es solo un estilo: es una conversación que se improvisa cada vez. Nació donde se cruzaron ritmos africanos, blues, melodías europeas y la vida urbana de comunidades negras en Estados Unidos. Escuchar jazz es aceptar el riesgo: dejar que alguien tome un motivo y lo vuelva irreconocible —y más verdadero— en el acto.


Raíces: ritmo, lamento y fiesta

El caldo de cultivo fue Nueva Orleans: funerales con bandas, bailes, salones y llamadas y respuestas en la calle. De ahí salieron formas como el ragtime y el blues, que trajeron la pulsación y las escalas que darían identidad al jazz. Louis Armstrong ejemplifica ese salto: del trompetista de barrio al solista que convierte cada frase en una declaración personal.


Ritmo y pulso: el latido del jazz

El jazz cambió la manera de sentir el tiempo. El swing —esa propulsión “entre” los tiempos— es su firma rítmica. En las big bands del swing, el ritmo era espectáculo colectivo; más tarde, en estilos como el bebop, el pulso se volvió campo de virtuosismo y conversación entre músicos. Duke Ellington y Count Basie enseñaron que el ritmo también puede ser color y humor orquestal.


Improvisación: la voz del instante

Si hay un principio sagrado es éste: improvisar es crear ahora. En el bebop, Charlie Parker y Dizzy Gillespie llevaron la improvisación a velocidades y complejidades nuevas; frases cortas, armonías tensas, mucha inteligencia. Miles Davis, por su parte, mostró que la contención y el silencio son tan expresivos como una cascada de notas. John Coltrane exploró la improvisación como búsqueda espiritual: sus solos parecen mapas de una obsesión.


La voz humana: instrumento y testigo

En el jazz la voz no solo canta letras: instrumentaliza emociones. Ella Fitzgerald hizo del scat un idioma, improvisando como si fuera un saxofón. Billie Holiday, con su fraseo inclinado y su honestidad cruda, convirtió cada canción en confesión. La voz permitió además que el jazz contara historias íntimas y sociales con una cercanía difícil de igualar.


Jazz y política: sonido con memoria

El jazz nació en contextos de segregación y desigualdad; desde sus orígenes fue también una forma de visibilidad y resistencia cultural. Músicos como Nina Simone llevaron la música directamente a la protesta, mientras que otros —Coltrane incluido— lo hicieron desde lo espiritual y lo simbólico. Comprender el jazz sin su contexto racial y social es perder la mitad de su sentido.


Rupturas y mezclas: free, fusión y globalización

Tras las formas clásicas vinieron las rupturas. El free jazz liberó la forma; la fusión mezcló jazz con rock y electrónica; muchas escenas fuera de Estados Unidos (Europa, Japón, Latinoamérica) aportaron ritmos propios. Miles Davis volvió a reescribir la historia varias veces: siempre dispuesto a trocar un lenguaje por otro. Hoy, el jazz convive con el hip‑hop, la electrónica y la música de cine, y sigue mutando.


Legado: más que estilos, una ética

El legado del jazz no es solo una lista de discos: es una forma de trabajar la música —escuchar, responder, arriesgar— que ha permeado muchas otras músicas. Enseña que la libertad creativa no es caos: es disciplina compartida, sensibilidad y práctica constante.


Rostros breves (quiénes encarnaron esas ideas)

- Louis Armstrong: solista carismático que convirtió el solo en acto de identidad.  

- Duke Ellington: compositor-orquestador que elevó el jazz a forma mayor.  

- Charlie Parker: arquitecto intelectual del bebop.  

- Miles Davis: innovador que cambió estilos como quien cambia sombrero.  

- John Coltrane: peregrino sonoro hacia lo absoluto.  

- Billie Holiday y Ella Fitzgerald: dos maneras de hacer hablar la voz —la confesión y la invención instrumental.


Discos para empezar (imprescindibles y accesibles)

- Louis Armstrong — Hot Five & Hot Seven (grabaciones de los años 20)  

- Duke Ellington — Ellington at Newport (1956)  

- Charlie Parker — The Complete Savoy & Dial Sessions (1940s)  

- Miles Davis — Kind of Blue (1959) — puerta de entrada clásica  

- John Coltrane — A Love Supreme (1964) — alto voltaje espiritual  

- Billie Holiday — Lady in Satin (1958) o recopilatorios clásicos  

- Herbie Hancock — Head Hunters (1973) — punto de encuentro con el funk  

- Ornette Coleman — The Shape of Jazz to Come (1959) — para quien guste de lo nuevo


Citas para llevar en la mochila

- Louis Armstrong: “If you have to ask what jazz is, you'll never know.”  

- Miles Davis: “La música es sobre las cosas que no se dicen.” Breve. Certero. Exacto.


Cierre

El jazz es historia, biografía y política, pero sobre todo es práctica: se aprende escuchando, equivocándose y volviendo a tocar. Si buscas por dónde empezar, pon Kind of Blue y deja que el silencio entre en la música. 

jueves, julio 16, 2026

VECES

 El siglo XIX es, en esencia, un baile de disfraces arquitectónico donde la nostalgia y la tecnología tuvieron un romance bastante tormentoso. Para entenderlo, hay que dividirlo en dos grandes bloques que vivieron en una tensión constante:


### 1. El Historicismo: El disfraz de época

Durante buena parte del siglo, la arquitectura padeció de una crisis de identidad. Los arquitectos, incapaces de encontrar un lenguaje propio, decidieron que lo más seguro era mirar hacia atrás.

* **La obsesión por el pasado:** Se levantaron edificios públicos, estaciones y teatros vestidos con ropajes de otras épocas: Neoclasicismo (el orden griego), Neogótico (la verticalidad espiritual), o Neorrenacimiento.

* **El Eclecticismo:** Fue la cima de esta confusión creativa. No era raro ver un edificio que combinaba arcos romanos, columnas griegas y decoraciones renacentistas en la misma fachada. Era como diseñar un traje mezclando retales de un armario antiguo; a menudo el resultado era impresionante, pero carecía de una lógica interna coherente. Diseñar un edificio se convirtió en decidir qué "disfraz" le quedaba mejor a la burguesía de turno.


### 2. La Revolución Industrial: El triunfo de la ingeniería

Mientras los académicos seguían obsesionados con los libros de historia, los ingenieros estaban ocupados inventando el futuro con hierro fundido, acero y vidrio.

* **La transparencia:** El **Palacio de Cristal de Paxton** (1851) fue el punto de inflexión. Fue la primera vez que un edificio dejaba de ser una fortaleza de piedra para convertirse en una estructura casi inmaterial. Fue una bofetada al buen gusto de la época: ¿cómo se atrevían a llamar "arquitectura" a un invernadero gigante?

* **La Torre Eiffel:** Fue el símbolo definitivo de esta era. Al principio, los estetas la llamaban "trágica chimenea de fábrica", pero acabó siendo la prueba de que el metal podía ser, si se trataba con destreza, tan elegante como el mármol.


### 3. El Urbanismo: El bisturí en la ciudad

No podemos hablar del XIX sin mencionar la transformación de París por parte del **Barón Haussmann**.

* Las ciudades medievales, laberínticas e insalubres, fueron "operadas" a corazón abierto. Se trazaron grandes avenidas (boulevards) para facilitar el flujo de tropas y aire, pero también para imponer un orden estético riguroso. Fue el triunfo del control sobre el caos orgánico.


### El cierre del siglo: El despertar del Modernismo

Hacia finales de siglo, este cansancio del historicismo dio paso al **Art Nouveau** (o Modernismo en España). Fue el primer intento serio de romper con el pasado y buscar un lenguaje nuevo, inspirado en las curvas de la naturaleza y en la honestidad de los materiales.


El siglo XIX nos dejó una lección valiosa: la arquitectura que se limita a copiar el pasado suele envejecer peor que la que se atreve a usar las herramientas de su propio tiempo. Como diría un cínico, es preferible un error original que un acierto repetido mil veces. 

miércoles, julio 15, 2026

DUKE

 Duke Ellington: al grano y con orquesta en movimiento.


- Quién fue (breve)

  Edward Kennedy “Duke” Ellington (1899–1974). Pianista, compositor, arreglista y director de orquesta estadounidense. Considerado uno de los mayores creadores del jazz, su trabajo amplió los límites del género hacia la composición sinfónica, el color instrumental y el teatro musical.


- Rasgos musicales clave

  - Orquestador maestro: trató a cada instrumentista como un color único; escribió para las particularidades tímbricas de su banda (no solo para “secciones”).  

  - Mezcla de formas: fusionó blues, gospel, música popular, ritmos caribeños y elementos clásicos en suites y piezas largas.  

  - Economía y sofisticación: usaba arreglos que combinaban sencillez melódica con armonías ricas y subtleties rítmicas.  

  - Teatro y concepto: muchas piezas son mini‑dramas, con personajes musicales y escenas (ej.: suites con temas programáticos).


- Banda y colaboradores

  - La Duke Ellington Orchestra fue su instrumento principal: una banda estable que funcionó por décadas (años 20–70).  

  - Solistas famosos en su orquesta: Johnny Hodges (sax alto), Ben Webster (tenor), Cootie Williams (trompeta), Billy Strayhorn (pianista, arreglista y colaborador clave), Paul Gonsalves (tenor).  

  - Relación artística con Billy Strayhorn: mano derecha creativa desde los años 30; Strayhorn compuso “Lush Life” y coescribió piezas esenciales como “Take the A Train” (tema emblemático de la orquesta).


- Obras y grabaciones imprescindibles

  - “Mood Indigo” (1928/1930s) — ejemplo del color tímbrico y la melancolía.  

  - “It Don’t Mean a Thing (If It Ain’t Got That Swing)” (1931) — himno del swing.  

  - “Sophisticated Lady” — balada emblemática.  

  - “Take the A Train” (composición de Strayhorn, grabada por Ellington) — tema identificador.  

  - Suites y trabajos largos: Black, Brown and Beige (1943) — ambiciosa “suite” sobre la historia afroamericana; The Far East Suite (1967); Such Sweet Thunder (1961) — pieza inspirada en Shakespeare.  

  - Álbum en vivo: Ellington at Newport (1956) — relanzó su carrera tras un histórico solo de Paul Gonsalves.


- Aportes históricos y culturales

  - Elevó el jazz a forma concertística aceptada en salas y festivales.  

  - Presentó la complejidad cultural negra con dignidad y ambición artística, sin plegarse a estereotipos.  

  - Fue un embajador cultural de EE. UU.: giras por Europa, África y Asia, dejando huella global.  

  - Mantuvo una orquesta estable cuando la economía y la moda empujaban hacia combos más pequeños —demostró que la gran banda podía reinventarse.


- Anecdotas y apuntes humanos (con filo)

  - “Duke” no era título nobiliario: apodo que aludía a su porte aristocrático y modales pulidos.  

  - Su relación con Billy Strayhorn fue creativa y afectiva: Strayhorn aportó arreglos, composiciones y sensibilidad que complementaron a Ellington; muchas piezas se atribuyen a la dupla.  

  - En Newport 1956, la actuación salvó su carrera: un solo de 27 compases de Paul Gonsalves en “Diminuendo and Crescendo in Blue” provocó una ovación masiva y reavivó el interés por Ellington.


- ¿Por dónde empezar a escucharlo?

  - Para su lado melódico y de balada: “Mood Indigo”, “Sophisticated Lady”.  

  - Para swing y energía: “It Don’t Mean a Thing”, “Take the A Train”.  

  - Para ambición de suite: Black, Brown and Beige; Such Sweet Thunder; The Far East Suite.  

  - En vivo y visceral: Ellington at Newport (1956).


- Citas

  - “There are two kinds of music. Good music, and the other kind.” — Ellington, con esa puntería que desliza verdad sin alardes.  

  - Sobre la orquesta: entendía que el conjunto era más que la suma de solistas; su arte fue escribir para la personalidad de cada músico.


- Legado breve

  Duke Ellington cambió la idea de lo que el jazz podía ser: no solo baile y entretenimiento, sino composición mayor, teatro sonoro y testimonio cultural. Su obra sigue enseñando a compositores y arreglistas cómo esculpir timbre, espacio y narrativa con una banda como material.



martes, julio 14, 2026

OLVIDAR



En una biblioteca olvidada de Japón, el silencio apenas era interrumpido por el suave susurro de las páginas al pasar. Era un refugio para aquellos que buscaban no solo conocimiento, sino consuelo. Un hombre, de mirada perdida y pasos pesados, recorría los pasillos. Cada libro que tocaba parecía vibrar, resonando con su dolor, un eco de una pérdida que no podía nombrar.


Las estanterías, colmadas de historias, se erguían como guardianes de secretos antiguos. El hombre se detenía, a menudo, frente a títulos desgastados, palabras que prometían respuestas, pero que se desvanecían en el aire. Su corazón latía desbocado, atrapado entre la esperanza y la desesperación. No sabía qué buscaba, pero sentía que algo lo llamaba, que había un hilo invisible que lo guiaba entre el laberinto de letras.


En un rincón, una mesa de madera, pulida por el roce de generaciones, lo invitó a sentarse. Allí, su mirada se detuvo en un libro que parecía brillar con una luz propia. Sus manos temblorosas lo abrieron con cautela. Las palabras, al principio, parecían un murmullo lejano, pero pronto comenzaron a cobrar vida, desnudando su alma. Sentía un torrente de emociones, como si cada frase estuviera escrita solo para él, como si hablara del dolor que lo consumía.


Mientras leía, el tiempo se desvanecía. Los rostros de quienes había perdido se entrelazaban con las historias de los personajes, y por un momento, el peso de su tristeza se aligeraba. Pero al cerrar el libro, la realidad lo golpeó de nuevo, como un frío viento que se cuela por las rendijas. Las respuestas que había encontrado eran solo fragmentos de un todo aún por descubrir. 


El hombre dejó el libro sobre la mesa, sintiendo que había abierto una puerta, pero no sabía hacia dónde conducía. Miró a su alrededor, como si la biblioteca misma pudiera hablarle, y se preguntó si alguna vez podría desentrañar el nudo de su dolor. Con un último suspiro, se levantó, dejando atrás el eco de sus pensamientos, mientras el silencio lo envolvía de nuevo, profundo y misterioso.

lunes, julio 13, 2026

TEXTO ORIGEN NOVELITA

 



TEXTO PARA EL BLOG

Una novela negra valenciana con alma mediterránea

Bienvenido a este rincón donde la realidad y la ficción se dan la mano sin pedir permiso.
Aquí encontrarás una novela negra escrita desde la calle, desde la experiencia, desde esas anécdotas raras que la vida te lanza sin avisar y que, si no las cuentas, se quedan dentro haciendo ruido.

Esta historia nace en Valencia, pero podría haber ocurrido en cualquier ciudad donde la luz deslumbra y las sombras hablan.
No es una novela de héroes.
Es una novela de gente normal:
gente que trabaja, que sobrevive, que se equivoca, que se mete donde no debe… y que, sin quererlo, acaba en medio de algo más grande que ellos.

El protagonista no es detective.
No es policía.
No es valiente.
Es un escritor que observa demasiado, que recuerda demasiado, que pregunta demasiado.
Y eso, en ciertos barrios, es más peligroso que llevar una pistola.

A lo largo de doce capítulos, esta historia te llevará por locutorios, bares, polígonos industriales, calles estrechas, puertos silenciosos y despachos donde la verdad se esconde detrás de un café frío.
Te encontrarás con personajes que respiran verdad:
una mujer que sabe más de lo que dice,
un hombre que aparece donde no debería,
un inspector cansado pero honesto,
y un nombre prohibido que no pertenece a una persona… sino a algo peor.

Esta novela no pretende moralizar ni señalar.
Pretende contar.
Porque las historias que no se cuentan se pierden.
Y esta no quería perderse.

Si has llegado hasta aquí, si estás leyendo estas líneas, si te asomas a esta historia…
adelante.
Pasa.
Lee.
Acompáñame.

La ciudad está despierta.
La historia también.
Y tú estás invitado.


domingo, julio 12, 2026

PROLOGO

 

PRÓLOGO

Para los que entran sin saber y salen sabiendo demasiado

Hay historias que uno no busca.
Historias que no se escriben: se tropiezan.
Historias que empiezan con una llamada que no deberías haber contestado, con una mirada que no deberías haber devuelto, con un nombre que no deberías haber escuchado.

Esta es una de esas.

No nació de la imaginación, sino de la vida.
De esas anécdotas raras que te pasan un martes cualquiera y que, si las cuentas, la gente piensa que exageras.
De esas situaciones que empiezan siendo pequeñas, casi insignificantes, y que de pronto se convierten en un hilo del que tiras… y tiras… y tiras… hasta que descubres que al otro extremo hay algo que no querías encontrar.

Valencia es el escenario.
Pero no la Valencia de las postales.
No la de la luz perfecta y las terrazas llenas.
Sino la otra:
la que respira en las esquinas,
la que escucha más de lo que habla,
la que guarda secretos en los portales y en los locutorios,
la que te observa cuando crees que caminas solo.

Aquí no hay héroes.
Hay gente normal.
Gente que intenta vivir.
Gente que se equivoca.
Gente que, sin quererlo, se mete en historias que no estaban en el guion.

Y en medio de todo eso, un escritor.
Uno que no pidió ser detective.
Uno que no buscaba problemas.
Uno que solo quería entender por qué la realidad, a veces, parece escrita por un guionista con mala leche.

Este prólogo no promete respuestas.
Promete verdad.
La verdad de una novela negra que huele a Mediterráneo, a calle estrecha, a silencio espeso, a peligro cotidiano.
Una novela que podría haber pasado en cualquier sitio…
pero pasó aquí.

Si has llegado hasta este blog, si estás leyendo estas líneas, si te asomas a esta historia…
hazlo con calma.
Con respeto.
Con curiosidad.

Porque, como decía Camilleri,
“Las historias no se cuentan para entretener, sino para que no se olviden.”

Y esta, Vicente,
no quería ser olvidada.




sábado, julio 11, 2026

NOTAS



NOTA DE AUTOR

Escribir esta historia no fue una decisión.
Fue una consecuencia.

Una consecuencia de vivir en una ciudad donde las sombras caminan más rápido que la luz, donde las voces se cruzan sin tocarse, donde las historias reales son más extrañas que las inventadas.
Una ciudad que, como todas las mediterráneas, tiene memoria larga y paciencia corta.

Mucho de lo que aquí se cuenta nació de anécdotas que me ocurrieron de verdad.
Anécdotas pequeñas, raras, aparentemente insignificantes, pero que se quedaron conmigo como piedras en el zapato.
Unas llamadas extrañas.
Unas miradas que no encajaban.
Unos silencios demasiado largos.
Unos encuentros que parecían casuales… y no lo eran tanto.

No he escrito esta novela para denunciar nada.
Ni para señalar a nadie.
Ni para buscar culpables.

La he escrito porque las historias que no se cuentan se pudren, y yo no quería que esta se pudriera.
Quería darle forma.
Quería darle voz.
Quería darle un final, aunque la vida rara vez los ofrece.

Si algo he aprendido mientras escribía es que todos somos un poco como Vicente:
curiosos, tercos, vulnerables, testarudos, incapaces de dejar un hilo suelto sin tirar de él.
Y también he aprendido que, a veces, tirar del hilo es lo que nos salva.
O lo que nos complica la vida.
O ambas cosas a la vez.

A quienes lean esta historia —en Valencia, en Alemania, en Singapur o en Estados Unidos— solo puedo decirles una cosa:

Gracias por acompañarme en este paseo por las calles donde la luz deslumbra y las sombras hablan.

Y si alguna vez sienten que la realidad se parece demasiado a esta novela…
no se preocupen.

A veces la ficción solo es la realidad con mejor ritmo.

Vicente
L’Eliana, Valencia
2026



EL TEXTO DESTACADO

JAZZ

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