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NOVELA NEGRA | Capítulo IV: El Día en que la Ciudad Decidió Hablar Donde la amenaza se hace carne, y la ciudad demuestra que escucha más de lo que dice Vicente amaneció con la sensación de que alguien había movido los muebles de su cabeza mientras dormía. No recordaba sueños, pero sí un peso. Un peso que no venía del cuerpo, sino de la calle. El mensaje del hombre de la farola seguía ahí, flotando en el aire como un olor que no se va ni con ventanas abiertas. “Mañana hablaremos. Y esta vez… no será por teléfono.” Vicente se preparó un café. Lo bebió sin ganas. Miró por la ventana. La ciudad estaba demasiado tranquila. Demasiado limpia. Demasiado ordenada. Y cuando una ciudad se comporta así, es que está escondiendo algo. Camilleri habría dicho: “Cuando la ciudad calla, es porque está escuchando.” IV.1. El inspector Luján y la teoría del idiota útil A media mañana, Vicente decidió pasar por la comisaría. No porque creyera que Luján fuera a ayudarlo, sino por...