Capítulo 8: Ecos en las Ondas
1. La calma antes del eco
La emisión de "La Rosa del Aire" había terminado, pero el silencio en el estudio de Radio Sin Fronteras duró poco. Clara apagó el micrófono y se recostó en la silla, con la guitarra aún en las manos, sintiendo el peso de lo que acababa de compartir. El transmisor digital zumbaba suavemente, enviando la señal a miles de oídos invisibles. No sabía cuántos habían escuchado, pero el mensaje de Luis —"Suena mejor de lo que imaginé"— le daba una certeza: al menos uno de ellos había sentido la canción como ella. Lo que no esperaba era la tormenta que estaba a punto de desatarse.
En su cueva, Luis miraba el móvil con una mezcla de alivio y nervios. El chat en línea, que el guitarrista de Almería había configurado para el streaming, seguía abierto en su pantalla. Los mensajes llegaban como gotas que se convierten en lluvia: "Esa rosa me llegó al alma", "Más canciones así, por favor", "Quién es el de la barca?". No estaba acostumbrado a esto. Cuatro años y siete meses emitiendo por internet desde su rincón, y nunca había visto una reacción tan viva. El transmisor digital, ese cacharro de segunda mano que tanto temía, había llevado sus palabras más lejos de lo que jamás pensó.
2. El murmullo crece
La primera señal llegó de Granada misma. Un bar cerca del estudio, donde algunos clientes sintonizaban Radio Sin Fronteras por costumbre, explotó en aplausos cuando terminó la canción. "¡Esa es la nuestra!", gritó un hombre mayor, levantando su cerveza. La camarera, que había enviado un tema propio meses atrás, anotó en una servilleta: "Decidle a Clara que la rosa es un himno". Al día siguiente, la nota llegó al buzón del estudio, y Clara la pegó en el mapa de chinchetas con una sonrisa.
En Málaga, una poetisa que había colaborado con la emisora escribió un verso inspirado en la canción y lo compartió en redes: "La rosa del aire me susurra, / entre las ondas se dibuja". El post se viralizó entre sus seguidores, y pronto el hashtag #RosaDelAire empezó a circular. En Bilbao, el oyente que una vez agradeció a Luis por no rendirse mandó un correo: "Esa canción es por lo que sigo aquí. No paréis". Clara lo leyó en voz alta durante la emisión del sábado, y el chat en línea se llenó de corazones.
3. Voces desde lejos
El alcance del streaming llevó la canción más allá de España. En Buenos Aires, un estudiante subió un video tocando "La Rosa del Aire" en su guitarra, con una dedicatoria: "Para Radio Sin Fronteras, que me hace sentir cerca de casa". El clip llegó a 10,000 vistas en dos días, y Clara lo vio con los ojos brillantes. En Lisboa, una profesora de música grabó a sus alumnos cantándola en clase, enviando el audio al correo de la emisora con una nota: "Nos habéis dado una lección de belleza". Luis, al escucharlo, sintió un nudo en la garganta; su barca nunca había navegado tan lejos.
No todo eran alabanzas. Un oyente de Zaragoza escribió en el chat: "Bonita, pero prefiero el rap de la semana pasada". Otro, desde Valencia, comentó: "Demasiado suave para mi gusto". Clara rió al leerlo, pero Luis lo tomó más a pecho. "¿Y si no les gusta lo próximo que escriba?", pensó, mirando la libreta vacía. Sin embargo, el balance era claro: la rosa había tocado a más de los que la ignoraron.
4. El impacto en la emisora
Las reacciones trajeron un cambio tangible. El lunes, el contador del streaming marcó 2,000 oyentes en la emisión regular, el doble de lo habitual. Los tres anunciantes raquíticos —coches, seguros, comida rápida— llamaron para renovar, y una tienda de discos online ofreció patrocinio tras ver el revuelo de #RosaDelAire. Clara convocó al guitarrista de Almería para mejorar el sistema de streaming: "Si esto sigue creciendo, necesitamos que no se caiga". Él asintió, ya imaginando un servidor más robusto.
Los artistas también respondieron. El dúo de Jaén envió una versión flamenca de la canción, con palmas y un toque eléctrico; la cantante mexicana propuso un dueto con Clara. Los envíos al buzón, físicos y digitales, se dispararon: 200 discos y contando. Luis los revisaba con más prisa que nunca, temiendo que el transmisor digital colapsara bajo la carga, aunque hasta ahora aguantaba como un campeón.
5. El silencio que habla
Clara guardó la rosa seca en una caja de madera, junto al sobre de Luis. No había vuelto a escribirle desde su "Gracias por cantarla", pero sentía que él estaba escuchando cada reacción. En la emisión del martes, cerró con un mensaje: "La Rosa del Aire nos ha llegado a todos. Si el de la barca está ahí, que sepa que esto es solo el principio". El móvil de Luis vibró con un nuevo mensaje suyo: "Los oyentes la quieren. ¿Tienes otra? C.".
Luis miró la rosa que ya no estaba, ahora viva en miles de oídos, y tomó la libreta. La barca había tocado tierra firme, y los ecos de los oyentes le pedían que siguiera remando. Por primera vez, no tuvo miedo de que el transmisor fallara; lo que temía ahora era no estar a la altura de lo que habían despertado.