DESAMOR
Cuando el amor se convierte en recuerdo
Hay despedidas que no terminan cuando alguien se marcha. Permanecen durante un tiempo en los lugares conocidos, en las canciones y en las palabras que ya no se dicen.
El desamor no siempre llega acompañado de una gran discusión. A veces aparece lentamente, en forma de silencios, de mensajes que dejan de llegar y de conversaciones que pierden su antigua cercanía.
Al principio, uno intenta encontrar explicaciones. Revisa cada gesto, cada frase y cada recuerdo, como si en ellos pudiera descubrir el momento exacto en que todo cambió. Pero el corazón no es un reloj: no siempre permite señalar la hora de la despedida.
«Hay ausencias que duelen menos cuando dejamos de luchar contra ellas».
Superar el desamor no significa borrar lo vivido. Significa aceptar que una historia pudo ser importante y, aun así, llegar a su final. También significa recuperar poco a poco aquello que habíamos dejado en manos de otra persona: la calma, la confianza y el deseo de volver a empezar.
Con el tiempo, el recuerdo pierde sus aristas. Ya no hiere de la misma manera y comienza a formar parte de nuestra historia, no de nuestra tristeza. Entonces comprendemos que algunas despedidas no vienen para destruirnos, sino para devolvernos a nosotros mismos.
Texto de reflexión sobre el desamor y la reconstrucción personal.