sábado, noviembre 08, 2025

SINFONÍA



El apodo "Júpiter" no fue dado por Mozart, sino que probablemente surgió después de su muerte, quizás por el editor Johann Anton André o el violinista Johann Peter Salomon, quienes sintieron que la escala, la majestuosidad y el poder de la obra rivalizaban con la figura del rey de los dioses romanos. Es una sinfonía que irradia luz y orden cósmico.


Aquí tienes un pequeño recorrido por esta obra cumbre:


 Estructura y Carácter


Compuesta en 1788, en el mismo verano en que escribió las dos sinfonías previas (*La Praga y la Sinfonía n.º 39), la "Júpiter" es la culminación de todo lo que Mozart aprendió sobre la forma sinfónica.


1. Primer Movimiento (Allegro): Es grandioso y enérgico. Comienza con un tema en Do mayor, lleno de fanfarria, que establece inmediatamente un tono heroico. A pesar de su energía, la forma sonata se maneja con una claridad cristalina.

2. Segundo Movimiento (Andante cantabile): Un contraste maravilloso. Es lírico, melancólico y profundamente expresivo. Aquí Mozart demuestra que la elegancia no está reñida con la emoción profunda.

3. Tercer Movimiento (Menuetto: Allegretto): Un Minueto clásico, pero con un toque de complejidad. Es formal, pero las síncopas y los cambios rítmicos le dan un aire juguetón, casi como si la danza estuviera a punto de salirse de su cauce.

4. Cuarto Movimiento (Finale: Molto Allegro): ¡Aquí es donde la sinfonía se gana su título divino

El Final: Un Triunfo del Contrapunto


El último movimiento es lo que diferencia a esta sinfonía de casi todo lo que vino antes en el Clasicismo.


Mientras que la mayoría de los finales clásicos eran brillantes pero homofónicos (una melodía sobre acordes), Mozart decide finalizar su obra maestra con una demostración de contrapunto puro, una técnica asociada principalmente con el Barroco (Bach).


En el desarrollo y, crucialmente, en la coda (la sección final), Mozart entrelaza cinco temas musicales diferentes simultáneamente. Imagínate cinco voces independientes cantando melodías distintas, pero que, al unirse, forman un acorde perfectamente lógico y poderoso en Do mayor.


Es una hazaña intelectual y artística asombrosa. Es como si Mozart estuviera diciendo: "Puedo manejar la elegancia de la forma clásica, pero también puedo dominar la complejidad del viejo arte del contrapunto, y lo haré sonar más ligero y glorioso que nunca".


Como dijo el gran director de orquesta Bruno Walter sobre esta sinfonía: "Es la más grande de todas las sinfonías de Mozart, y quizás la más grande de todas las sinfonías".


Es el momento perfecto para admirar cómo un compositor puede llevar un estilo a su pináculo antes de que otro (Beethoven) lo haga explotar y lo lleve hacia una nueva dirección.



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