viernes, mayo 01, 2026

EL HOMBRE GRIS

 Luis esperaba que Clara atrajera a más cantantes. Ella era su ancla en Radio Sin Fronteras, una voz fiel que llegaba desde Granada con canciones que, aunque no siempre lo emocionaran, sostenían su barca de pesca. Cuatro años y siete meses llevaba remando, y Clara era de lo poco que no se hundía en la selva de plataformas, reglas cambiantes y tres anunciantes raquíticos —coches, seguros, comida rápida—. No cortaba nunca los discos que le mandaban; no valía la pena. Eso era más propio de los 90, de las emisoras grandes que trituraban lo que no encajaba. Él no iba a hacer radio como en 1990, no por nada, sino porque pensaba que, cuando llegara el momento, se le ocurriría una idea valiosa que serviría para hacer directos, algo que rompiera el estancamiento. Por ahora, su mente estaba en otra cosa.


Le mandó un pequeño escrito a Clara para que le pusiera música. Lo hizo desde la radio, pero cambiando el remitente a un correo genérico; no quería que descubriera que llevaba cuatro años solo, manejándolo todo en su cueva. Aunque le pesaban más los años de trabajo a distancia a cambio de nada —décadas de tumbos por emisoras municipales, favores sin recompensa—, esos cuatro años y unos meses siendo el motor de su barca pesquera eran su orgullo y su cruz. Le envió dos letras románticas, simples pero sentidas, y la retó a que les pusiera música a cambio de una mención en los créditos. No se atrevió a pedir nada más; no tenía confianza con ella para nada más allá de los discos que le llegaban. Solo esperaba que Clara abriese la puerta a otros, que les hablara bien, que dijera "Luis no rechaza a ningún músico".


Seguía siendo un bonachón que no sabía decir no. Incluso aquellos discos que no le parecían bien —melodías torpes, letras que no lo tocaban— los guardaba para cuando no hubiese novedades. Que a él no le hubieran dado una oportunidad más allá de unas radios pequeñas no significaba que pagase con la misma moneda. Los 100 discos acumulados en su buzón eran prueba de eso: un archivo de promesas, algunas rotas, otras sin pulir. Puso un tema suyo al aire, uno de esos que no cortaba. "Esto es Radio Sin Fronteras, donde todo tiene su sitio", dijo, con la voz gastada por los cincuenta años y el cansancio. Un mensaje llegó: "Gracias por no rendirte con nosotros", desde Bilbao. No era mucho, pero era algo.


Luis miró el móvil, mudo salvo por las llamadas comerciales que bloqueaba, y pensó en esas letras románticas flotando hacia Clara. Si ella las convertía en canciones, quizás otros vendrían. Si no, seguiría guardando discos, esperando que alguna semilla germinara en su selva. Por ahora, su barca seguía a flote, y eso era suficiente.


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EL HOMBRE GRIS

  Luis esperaba que Clara atrajera a más cantantes. Ella era su ancla en Radio Sin Fronteras , una voz fiel que llegaba desde Granada con ca...