ALEGATO LITERARIO A FAVOR DE LA ELEGANCIA
O manifiesto para quienes aún creen que vestirse bien no es un delito y perfumarse no es un arma química
Nosotros, los defensores del buen gusto, los caballeros andantes del botón bien abrochado y del perfume aplicado con criterio, proclamamos solemnemente —y con humor para no acabar ante un togado— que la elegancia no ha muerto, aunque algunos la hayan confundido con una molestia del pasado.
Artículo Primero: De la Elegancia como Actitud
Vestir bien no es presumir. Vestir bien es respetar al mundo. Es decir: “Aquí estoy, pero no pienso agredir visualmente a nadie”.
La elegancia no grita, no exige, no pide permiso. La elegancia entra en la habitación y la habitación respira mejor.
Artículo Segundo: Del Vestir como Lenguaje
Hay quien cree que la modernidad consiste en vestirse como si hubiera perdido una apuesta. Ropa rota, colores que pelean entre sí, zapatillas que parecen naves espaciales y camisetas con mensajes que ni ellos entienden.
Nosotros, en cambio, defendemos que la ropa habla. Y si habla, mejor que diga algo sensato.
Artículo Tercero: Del Perfume como Presencia y no como Invasión
El perfume, Vicente, es como un buen verso: se insinúa, no se impone. Acompaña, no domina. Se recuerda, no se padece.
Pero abundan por las calles los terroristas olfativos, esos que creen que bañarse en colonia es señal de personalidad. No lo es. Es señal de que el frasco les ha ganado la batalla.
El perfume debe ser un susurro, no un comunicado oficial.
Artículo Cuarto: De la Vulgaridad que se Disfraza de Libertad
Hay quien confunde libertad con desaliño, modernidad con estridencia, autenticidad con falta de modales. Y lo peor es que lo celebran.
Nosotros no. Nosotros sabemos que la elegancia es la forma más discreta de la inteligencia.
Artículo Quinto: Del Humor como Escudo
Ante la vulgaridad orgullosa, el elegante no se enfada: sonríe. Porque sabe que la elegancia no es una moda, sino un refugio. Y que quien se viste bien, piensa mejor. Y quien piensa mejor, vive mejor.
Artículo Sexto: De la Modernidad Verdadera
La modernidad no consiste en vestirse como si uno hubiera dormido en un contenedor de ropa usada. La modernidad consiste en saber elegir, en cuidar los detalles, en no molestar al prójimo con estridencias visuales u olfativas.
La modernidad verdadera es silenciosa, sobria, inteligente. Lo demás es solo ruido con lentejuelas.
Artículo Séptimo: De la Elegancia como Resistencia
Ser elegante hoy es un acto de rebeldía. Un gesto político sin política. Una forma de decir: “Yo no me rindo al caos estético de nuestro tiempo”.
Y eso, Vicente, es heroico.
Conclusión del Alegato
La elegancia no es antigua. Antiguo es confundir vulgaridad con libertad. La elegancia no es elitista. Elitista es creer que el mal gusto es una forma de expresión.
La elegancia es, simplemente, saber estar. Y quien sabe estar, sabe vivir.
Firmado: Los resistentes del buen gusto, los guardianes del perfume discreto, los caballeros andantes del vestir sin estridencias.
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