jueves, junio 11, 2026

MI VICIO

 


Cuenta la historia —o la invento yo, que para el caso es lo mismo— que en estos tiempos nuestros, tan dados al ruido y tan enemigos del sosiego, vive un caballero no de lanza, sino de libro; no de escudo, sino de marcapáginas; no de armadura, sino de gafas de cerca.
Y ese caballero, Vicente, eres tú.

Porque salir hoy a la calle con un libro bajo el brazo es empresa tan arriesgada como lanzarse contra molinos que parecen gigantes, pues abundan por doquier gentes que, al ver a un lector, se persignan como si hubieran visto un prodigio o una amenaza.

—¿Lees? —preguntan, con la misma expresión que pondría un ventero al descubrir que su huésped paga en monedas antiguas.
—Leo —responde uno, con humildad y sin ánimo de pendencia.
Y entonces ellos, que jamás han abierto un libro salvo para nivelar una mesa coja, te miran como si fueras un personaje escapado de una novela que no han leído.

Son criaturas que presumen de no haber leído en su vida, como si la ignorancia fuera un blasón y la pereza mental un título nobiliario.
Y lo dicen con orgullo, como quien anuncia que ha derrotado a un ejército enemigo, cuando en realidad solo han vencido a su propio diccionario.

Pero tú, lector andante, sabes que un libro es mejor escudero que Sancho, pues no protesta, no engorda, no pide vino y, además, te acompaña en las noches turbias como un amigo fiel.
Y si la tristeza te ronda —que a todos nos ronda alguna vez— un buen capítulo es bálsamo más eficaz que el de Fierabrás, y sin necesidad de boticario.

Porque leer, Vicente, no es ocio:
es defensa personal del espíritu.
Es levantar un castillo interior donde no entra la necedad ajena ni la propia.
Es viajar sin caballo, soñar sin dormir, aprender sin maestro y reír sin testigos.

Y si alguno de esos orgullosos no-lectores te mira mal por leer, no te enfades:
ríe.
Ríe como don Quijote cuando le decían loco, sabiendo que la locura verdadera es vivir sin historias, sin palabras, sin mundos que te salven del mundo.

Que ellos sigan con sus pantallas, sus prisas y sus opiniones sin fundamento.
Tú sigue con tus libros, que son armas blancas contra la tristeza, escudos contra la ignorancia y alas contra la rutina.

Y si un día te preguntan por qué lees, responde con gracia cervantina:
—Porque no quiero que la vida me pille desarmado.



No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL TEXTO DESTACADO

MI VICIO

  Cuenta la historia —o la invento yo, que para el caso es lo mismo— que en estos tiempos nuestros, tan dados al ruido y tan enemigos del s...