domingo, julio 12, 2026

PROLOGO

 

PRÓLOGO

Para los que entran sin saber y salen sabiendo demasiado

Hay historias que uno no busca.
Historias que no se escriben: se tropiezan.
Historias que empiezan con una llamada que no deberías haber contestado, con una mirada que no deberías haber devuelto, con un nombre que no deberías haber escuchado.

Esta es una de esas.

No nació de la imaginación, sino de la vida.
De esas anécdotas raras que te pasan un martes cualquiera y que, si las cuentas, la gente piensa que exageras.
De esas situaciones que empiezan siendo pequeñas, casi insignificantes, y que de pronto se convierten en un hilo del que tiras… y tiras… y tiras… hasta que descubres que al otro extremo hay algo que no querías encontrar.

Valencia es el escenario.
Pero no la Valencia de las postales.
No la de la luz perfecta y las terrazas llenas.
Sino la otra:
la que respira en las esquinas,
la que escucha más de lo que habla,
la que guarda secretos en los portales y en los locutorios,
la que te observa cuando crees que caminas solo.

Aquí no hay héroes.
Hay gente normal.
Gente que intenta vivir.
Gente que se equivoca.
Gente que, sin quererlo, se mete en historias que no estaban en el guion.

Y en medio de todo eso, un escritor.
Uno que no pidió ser detective.
Uno que no buscaba problemas.
Uno que solo quería entender por qué la realidad, a veces, parece escrita por un guionista con mala leche.

Este prólogo no promete respuestas.
Promete verdad.
La verdad de una novela negra que huele a Mediterráneo, a calle estrecha, a silencio espeso, a peligro cotidiano.
Una novela que podría haber pasado en cualquier sitio…
pero pasó aquí.

Si has llegado hasta este blog, si estás leyendo estas líneas, si te asomas a esta historia…
hazlo con calma.
Con respeto.
Con curiosidad.

Porque, como decía Camilleri,
“Las historias no se cuentan para entretener, sino para que no se olviden.”

Y esta, Vicente,
no quería ser olvidada.




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