Edward Kennedy “Duke” Ellington (1899–1974): pianista, compositor y director cuya orquesta fue un instrumento vivo durante casi medio siglo. Nacido en Washington D. C., Ellington transformó el jazz de entretenimiento en alta composición: escribió para los timbres y personalidades de sus músicos, no para secciones genéricas. Su banda —con figuras como Johnny Hodges, Ben Webster y el imprescindible Billy Strayhorn— articuló un sonido propio donde la orquestación era tan importante como la melodía.
Compuso himnos del swing (“It Don’t Mean a Thing”), baladas inolvidables (“Mood Indigo”, “Sophisticated Lady”) y ambiciosas suites programáticas —Black, Brown and Beige o The Far East Suite— que narraban historias culturales con sutileza. Su capacidad para combinar blues, teatro, elementos clásicos y ritmos caribeños le permitió explorar formas largas sin perder el pulso popular.
Ellington fue también agente cultural: embajador en giras internacionales y defensor del reconocimiento artístico de la música negra. Su carrera tuvo picos y resurrecciones —Newport 1956 es legendario— pero mantenía siempre un refinamiento aristocrático que le valió el apodo de “Duke”. Legado: enseñó a pensar el jazz como color, personaje y narrativa; escuchar a Ellington es aprender a leer una orquesta como quien lee un libro vivo.